sábado, 23 de febrero de 2013


Garage y Abrahamson

 
Desde que la vi en el 2008, no la he olvidado, se me ha debido de grabar en una de esas neuronas especificas que tenemos para los recuerdos, y ahí la tengo presente en mi memoria y que me aflora cada vez advierto una situación similar, que por desgracia, no son pocas. Abrahamson es uno de esos pocos directores que han conseguido dejarme este tipo de huellas con sus películas. Lo cual le agradezco enormemente, porque te hace reflexionar y darte cuenta de las repercusiones que pueden tener nuestros actos en esta sociedad tan intolerante en la que vivimos.
 
Es una película, para mi, triste, muy triste, de esas que te duele el alma y te dejan ronroneo en el estómago.
 
Está narrada con una humanidad, que no te deja indiferente, donde se retrata la vida cotidiana de un personaje entrañable, bueno y bondadoso.
 
Una película donde Abrahamson hace un retrato sin más de la soledad, donde la expone con sumo detalle y maestría, y que gana mucho por la impecable interpretación de Pat Shortt, y una excelente fotografía, del para mí, hasta ahora desconocido, Peter Robertson.
 
Una película, que con sus planos y sus escrupulosas imágenes donde se nos muestra los pequeños detalles cotidianos del día a día de este personaje, puedes adentrarte y experimentar esa sensación de soledad y asilamiento que sufre, y además percibir las consecuencias irreparables que pueden ocurrir por nuestras conductas, en una sociedad, donde cada uno va a lo suyo, donde importan las apariencias y donde no se da cabida a gentes inocentes, sencillas y con limitaciones intelectuales.
 
Tiene escenas inolvidables, pero hago mención a una, para mí muy especial, es la que se desarrolla junto al lago, con un conocido del pueblo, donde se puede palpar de una manera magistral el problema del protagonista a poder intimar y comunicarse con los demás debido a su falta de habilidades sociales, las cuales nunca ha podido cultivar, precisamente, porque los demás solo le han dado un trato justo, amable, si, pero muy justo.
Porque en esta sociedad en la que vivimos, desgraciadamente las apariencias importan, y nadie quiere intimar y ser amigo del tonto del pueblo, esta es la pura y miserable realidad.
 
Películas como esta, son una obra de arte, no se pueden dejar pasar.
 
 
 
 
 

domingo, 10 de febrero de 2013

Un soplo en el corazón y Louis Malle


Hoy quiero escribir sobre Louis Malle, me marcó en mi juventud, y aun no considerándolo uno de mis mejores directores, si fue el que más vi y con el que más disfruté.
De entre muchas películas que de el me gustan, he elegido un soplo en el corazón, ya que cada vez que la veo me recuerda a mi propia adolescencia, además también quería escribir sobre su controvertido final.
Me gusta esta película porque Malle consigue de una forma muy natural desde la óptica del adolescente abordar esta cuestión, sus intereses, preferencias, modas, actitudes, inquietudes, etc.
En esta película enseguida te sientes identificado con el personaje, Malle lo sabe describir muy bien en la pantalla, con su fotografía, actores siempre tan naturales, la forma de contar la historia. Aunque esta película de Malle es la adolescencia de un chico burgués, y la mía se desarrolló en una familia obrera del barrio sur de Madrid, vamos, que nada de criadas, Balnearios, etc., como sale en la película, pero la forma de acometer la cuestión, hace que te sientas reconocido,  como solemos actuar de jóvenes, da igual la clase social que seas, nuestros actos, que nos hacían creer que por ellos, ya éramos más interesantes, mas originales, más adultos y que con esta forma de conducirnos estábamos pasando a la madurez, nada más ingenuo, pero en aquella edad, nos parecía que era lo más próximo a ser adulto, como, leer a Albert Camus, escuchar  Jazz, el primer cigarrillo, interesarnos por la política, y en mi caso, un añadido, indispensable en la España de aquel momento, ver películas de Louis Malle.
Su controvertido final.
Me parece que Malle lo encauza perfectamente. En este mundo todo puede ocurrir, y en este caso, una madre desorientada, un hijo en edad adolescente, donde todavía tu madre es la mejor y más maravillosa de las mujeres, ¿que niño no le ha dicho a su madre que de mayor se casaría con ella?
Malle dirige este final a la perfección, por una lado se abstiene de dejar algún mensaje de juicio moral, pero a mí lo que más me impacta es como lo lleva al terreno de los afectados.

Como, una madre al darse cuenta de lo ocurrido, no quiere que su hijo sufra y quiere tenga una adolescencia normal, sin sentimientos de culpa, utilizando frases, como: no quiero que te avergüences, ni que te arrepientas, lo recordaremos como un momento muy bonito entre tu y yo, y cuando me acuerde no sentiré remordimientos, si no ternura, un acto que recordaremos con cariño pero que no volverá a repetirse y del que no volveremos a hablar. Son 5 minutos soberbios de Lea Massari, le he dado para atrás a la cinta como 30 veces, para volverlo a escuchar, y cada vez que lo oigo, mas me conmueven sus palabras.
De todas las películas que he visto, en donde se han tratado temas espinosos y controvertidos, creo que en esta película, es donde mejor se ha sabido enfocar y conducir una cuestión tan compleja, con estos pequeños diálogos y frases, que hacen que una vez sucedido, todo parezca natural, algo que si nos ocurriera, no nos debe atormentar.
Una película recomendable para mentes abiertas y sin prejuicios.

sábado, 2 de febrero de 2013


Dies Irae,  Dreyer y pintura flamenca

 
 
Al abrir este blog sobre cine, un amigo me comentó que si había visto alguna película de Dreyer, no había visto nada, me recomendó algunas y he empezado por Dies irae. 

Todas las críticas coinciden en que esta película representa muy bien el fanatismo religioso, la caza de brujas,  y la intolerancia en la Dinamarca de 1623, periodo en el que se desarrolla la película, todo ello desarrollado en un marco en el que el director utiliza escenas representativas de la pintura Flamenca, con unos actores que plasman este momento histórico con una fuerza emocional y una gran carga y profundidad psicológica en cada escena.

He visto la película 3 veces porque me ha fascinado, me gusta mucho la pintura, y en todas, he llegado a la misma conclusión, creo que es justo lo contrario, utiliza este tema para hacernos pasear por un museo con cuadros vivientes.
 
Las escenas que representa son de cuadros de Rembrandt, Vemeer, Gerrit Dou, Frans Hals, que son todos pintores mas o menos de la misma época en la que se desarrolla la trama, y teniendo en cuenta que la pintura flamenca del siglo XVI predominaba el tema de la religión, y además era famosa por sus retratos con penetración psicológica, donde se capta al personaje siempre de menos de medio cuerpo y nunca frontalmente, si no girado sobre si mismo, como en las escenas de la película, me hizo pensar que era representaciones pictóricas lo que quería exponer y no el fanatismo religioso. Claro, que evidentemente, tambien queda plasmado, ya que la pintura de aquella época trataba estos temas.
 
Es más, apostaría que el decorado interior de las escenas, casi toda la película se desarrolla en interiores, salvo 3 escenas, es de un pintor posterior, Hammershøi, pero que curiosamente es danés como Dreyer y también donde se desarrolla la trama, esos muebles sobrios y escasos en sus pinturas, la luz a través de las vidrieras, me parece algo más que una coincidencia, es un homenaje.

Una  película muy recomendable para los amantes de la pintura, creo que este director desconocido hasta ahora para mí, ha hecho un trabajo espectacular sobre la pintura que a el le gustaba, y lo ha plasmado magníficamente en cada escena.
 
Escenas de pocas palabras y frases contundentes para representar retratos de penetración psicológica de Frans Hals.

 Escenas que parecen la Lección de Anatomía de Rembrandt.
 
Un principio de película que sin duda parece un Vermeer en movimiento. 

Escenas de interiores domesticas que parecen animaciones de cuadros de Gerrit Dou. 

Creo que si esta película la viera otras cien veces, no me cansaría nunca y siempre vería algo más, un cuadro más, un pintor más.

Ahora voy a por Ordet, la que dicen, es su mejor película.

viernes, 25 de enero de 2013

Caché y Haneke


Caché,

Poco me importa quien es el autor de las cintas, se dan mil versiones, es lo de menos, lo alucinante de Haneke es que es capaz de representar en una pantalla, y de la forma en que lo hace, a una mente atormentada, Claro que sin Auteuil, también hubiera sido muy difícil, y francamente, Auteuil está sublime, como siempre.

El cine de Haneke o fascina o se detesta, yo me quedo con lo primero. 

Con Haneke se hace otro cine, muy diferente, pero es el que me gusta, dicen que se parece al cine de Lynch y que hay similitudes, a mi me recuerda mas al de Bergman, pero no son comparables, cada uno es muy particular.

La escena de la disputa matrimonial, es de lo mejores interpretaciones que he visto últimamente, Juliette Binoche se sale, tal vez es comparable a la interpretación de Blanca Lewin en una  escena de La vida de los peces, una película de Matías Bize que uno no puede perderse. 

Pero en Caché hay mucho más, habla de la inmigración,  del racismo, de los sentimientos de culpa, de la incomunicación en las relaciones familiares, del banalismo con el que queremos rellenar nuestras vidas, del miedo a conocerse a uno mismo, de lo que importan en esta sociedad las apariencias, y lo fascinante de la película es como lo aborda, cada plano, cada frase, cada escena. 

Hay muchos que dicen que una de las escenas finales, cuando el está solo y se va a la cama, es larguísima e insufrible, pero esa escena es esencial para que quede de manifiesto en la pantalla, que uno, quiera dormir para no saber, para no pensar, para intentar olvidar, para no enfrentarse a sus miedos, vamos, desde mi punto de vista, 5 minutos magistrales. 

Dicen que no tiene final, yo creo que sí,  tal vez simplemente su hijo no tiene todavía mala conciencia, no entiende el racismo es su época, y simplemente charla amistosamente con un compañero de colegio de otra raza. Yo creo que queda de manifiesto por la escena anterior.

Está claro que esta película no gustará a muchos, pero es que Haneke es cruel, perturba, y con sus películas nos hacer ver nuestro interior con todas sus miserias. 

Por cierto, la película no tiene música, al igual que en La Cinta Blanca,.